Florencia Landa
Fundadora de LANDA Brands
Marzo 2026
Los aeropuertos tienen algo particular.
Son lugares de tránsito, pero también de pausa. Momentos suspendidos entre un lugar y otro donde, inesperadamente, aparecen ideas que antes no estaban.
La historia de LANDA empezó en uno de esos momentos.
Estaba en la fila de un aeropuerto, camino a un viaje a Europa, más precisamente al norte de España. Había sido un período intenso en mi vida profesional.
Soy abogada.
Y la abogacía no es solo mi profesión: es también una de mis grandes pasiones.
Durante años mi vida estuvo atravesada por expedientes, escritos y audiencias. Un mundo exigente que me enseñó disciplina, rigor y una forma muy precisa de pensar.
Nunca dejé de ejercer el derecho.
Y nunca tuve la intención de hacerlo.
Pero paralelamente siempre existió otra fascinación que convivía con ese mundo: el diseño.
En particular, los zapatos y las carteras.
Durante mucho tiempo mi relación con ellos fue la de una observadora curiosa. Cada vez que viajaba prestaba atención a los materiales, a las proporciones, a la arquitectura de un zapato, a la manera en que una pieza podía cambiar completamente la presencia de una mujer.
Sin darme cuenta, había pasado mucho tiempo observando.
Nunca me pregunté si podía diseñarlos.
Simplemente apareció la posibilidad.
Una conversación que abrió una puerta
En ese aeropuerto, mi esposo Sebastián —que veía el agotamiento natural que muchas veces trae una profesión tan exigente como el derecho— me dijo algo muy simple:
¿Por qué no hacés algo con eso que tanto te gusta?
No fue una decisión dramática.
Tampoco un gran plan de negocios.
Fue más bien el comienzo de una exploración.
Porque si algo aprendí con el tiempo es que la vida no siempre nos obliga a elegir entre una pasión y otra.
A veces nos invita a encontrar la forma de hacerlas convivir.
La primera etapa: aprender
El comienzo no fue diseñar desde cero.
Me contacté con una marca argentina cuyos productos yo misma usaba y propuse algo distinto: trabajar sobre sus modelos desarrollando combinaciones de color exclusivas para Chile.
Era una cápsula pensada especialmente para ese mercado y que no se vendería en Argentina.
Ese proyecto inicial fue una escuela.
Me permitió entender cómo reaccionaban las clientas, cómo se movía un producto en el mercado y, sobre todo, qué buscaban realmente las mujeres cuando elegían un zapato.
Pero rápidamente comprendí algo.
Lo que me interesaba no era solamente seleccionar piezas.
Quería participar del proceso creativo.
Quería entender cómo nacía un producto desde su origen.
Cuando nace una marca
En marzo de 2024 nació LANDA.
Al principio no como una marca de zapatos, sino como un paraguas que reunía distintas propuestas de diseño dentro de un mismo espacio.
La idea era construir algo más amplio que un producto: un lugar donde el diseño dialogara con la experiencia, la curaduría y la relación con las clientas.
Meses después llegaron los primeros zapatos diseñados íntegramente por nosotros. Y con ellos comenzó una etapa mucho más profunda del proceso creativo.
Las colecciones empezaron a tener identidad propia.
Satio fue una de las primeras en marcar ese camino.
Después llegó Germinare, una colección que hablaba precisamente de eso: del momento en que una idea empieza a crecer desde adentro.
Y hoy seguimos avanzando con Raíces, que representa algo aún más profundo: construir desde el origen, entendiendo que el verdadero crecimiento necesita sostenerse en algo sólido.
Crear también es sostener
En el mundo del emprendimiento muchas veces se habla del momento en que una idea nace.
Pero la parte más importante viene después.
Crear algo también implica sostenerlo.
Sostener decisiones.
Sostener procesos que requieren tiempo.
Sostener una visión incluso cuando el resultado no es inmediato.
La moda actual muchas veces funciona a una velocidad vertiginosa. Colecciones que aparecen y desaparecen en cuestión de meses, tendencias que cambian antes de que alcancemos a comprenderlas.
Desde el comienzo sentimos que LANDA debía tomar otra posición.
No competir en velocidad.
Sino construir con intención.
Colecciones pensadas con tiempo.
Materiales elegidos con cuidado.
Piezas que puedan acompañar a una mujer durante años.
La mujer LANDA
Con el tiempo también empezó a aparecer con más claridad quién es la mujer que inspira todo esto.
No es una mujer que siga moldes establecidos.
Tiene criterio propio.
Sabe elegir.
Y entiende que el diseño no es solo estética, sino también presencia.
Las mujeres que llegan a LANDA suelen compartir algo en común: buscan piezas que no respondan únicamente a la lógica de la moda efímera.
Buscan objetos que puedan integrarse a su vida.
Y cuando eso ocurre, la relación con el diseño cambia.
Deja de ser consumo rápido.
Se transforma en elección.
8 de marzo
El Día de la Mujer suele estar lleno de mensajes. Pero para mí siempre fue también una fecha profundamente personal. El 8 de marzo fue el día en que me recibí de abogada.
Y años después, sin haberlo planificado, ese mismo camino profesional convivió con algo nuevo: la posibilidad de crear. Quizás por eso esta fecha siempre me recuerda algo importante.
Que avanzar no siempre significa dejar atrás lo que fuimos. A veces avanzar significa integrarlo todo.
La profesión.
La pasión.
La curiosidad.
Las ideas que aparecen en los lugares más inesperados.
De esa combinación —entre derecho y curiosidad creativa— nació LANDA.
Hoy sigo siendo abogada. Y también sigo explorando ese otro territorio donde nacen las ideas.
Porque entendí algo que antes no veía con tanta claridad: que a veces el camino no consiste en elegir entre una pasión y otra. A veces el verdadero camino aparece cuando nos animamos a integrarlo todo.
El derecho me enseñó a pensar. La curiosidad me llevó a crear.
Entre esas dos fuerzas nació LANDA.